viernes, 5 de junio de 2026

Lema de Paz y Honor.



Principio de los años 60, la extrema dureza de la vida en el campo y la muy temprana muerte de mis abuelos, le empujaron a ingresar en el Cuerpo, a él y a sus dos hermanos varones. Mi padre apenas manejaba las cuatro reglas y para de contar, pero por aquella época no se exigía demasiado que digamos, nadie quería pasar penurias, estar muy mal pagados y además de sometidos a una severa disciplina militar. Nadie lo quería.

Me salieron los dientes en el cuartel de la Guardia Civil de Tudanca donde mi padre estaba destinado y en cuyo Cuarto de Puertas aprendí a andar cogido de su mano. Mi infancia, adolescencia y hasta los 18 años continué viviendo en cuarteles compartiendo mi día a día con las familias de los compañeros de mi padre. 

Teniendo yo unos 6 o 7 años, le recuerdo viéndole entrar a mi colegio en horario de tarde-noche para recibir clases y poder obtener el Certificado de Estudios Primarios, haciendo deberes en la mesa camilla de casa y estudiando a deshoras. Le sobraba amor propio. El profesor se llamaba D. Carlos Gómez Galán, nunca olvidaré su nombre porque también era mi maestro.

Toda su obsesión era que estudiara y "sacara una carrera", era su sueño pero yo, desde siempre tuve muy claro lo que quería ser. No se me daba nada mal estudiar hasta que realmente tuve que estudiar, así que nada más terminar el bachiller le dije a mi padre que no se hiciera "ventoleras mentales" con mi futuro que yo tenía muy claro que lo que quería era ser Guardia. Aquella decisión, quizás, no lo sé porque nunca se lo pregunté, pero pudo defraudar las ilusiones que pudo hacerse conmigo pero, es que tenía que ser así y como así tenía que ser... pues me puse a ello, aprobé y pude ingresar en el Cuerpo.

Así que era inevitable, yo tenía que ser Guardia porque aprendí a ser un hombre a su imagen y semejanza, la de una persona justa, de conducta intachable, honrado a carta cabal, leal y con un cegador sentido del Honor, era como dicta nuestra Cartilla un Guardia "prudente sin debilidad, firme sin violencia y político sin bajeza" y él se veía así mismo como un "pronóstico feliz para el afligido". Su ejemplo y la sombra de esos valores irremediablemente sembraron en mi la vocación, era un dechado de virtudes a seguir y yo siempre quise ser como él, un buen hombre y modélico Guardia Civil.

Cuando hoy todo el día se está hablando en la televisión y medios de prensa de la corrupción en la Institución pienso en mi padre, en el cuidado con el que guardaba su uniforme y conservaba su inmaculado tricornio, en cuyo interior guardaba los guantes blancos, en el orgullo que sentía de haber legado su amor por la Guardia Civil a su descendencia, en la furtiva lágrima que no pudo disimular en Valdemoro durante la Entrega del Despacho de su nieta. Pienso en él y me da pena, me duele porque sus valores no se merecían esta traición, pero a la vez y como me sentenció cuando el asunto "Roldán", ningún traidor podrá nunca con la Guardia Civil, no nos hacen ni sombra.

Por tu Honor quiero vivir...



 

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