Ingenuamente pensábamos que lo del “enchufe” era agua pasada, que la modernidad había terminado con la tan ancestral como española tradición, que lo de que el que tiene padrino se bautiza yo no tenía espacio en un tan laico estado como el nuestro. Error, craso error.
No hace demasiado tiempo que los hijos de los empleados tenían preferencia para alcanzar un empleo en la fábrica donde su antecesor había dejado los lumbares, pues no lo veíamos mal, es más, hasta lo considerábamos como un justo y reconfortante reconocimiento a su trayectoria laboral.
De pequeño, nuestro padre nos motivaba a esforzarnos, a estudiar, a trabajar duro para llegar lo más lejos posible, para en la medida de lo posible merecernos lo que de mayor pudiéramos obtener. A decir verdad en su momento no le hicimos mucho caso y así nos ha ido pero bueno, no por ello habrá que dejárselo de reconocer. Debe ser que nos estamos haciendo mayor…
Lo de Bibiana es otra historia, si, recuerden, la de miembros y miembras (a partir de ahora, members and membars), aquella joven de curriculum sorprendente por lo carente… eso es otra historia.
La exministra en cuestión tiene que poseer unos méritos que no por lo desconocidos tienen que dejar de ser brillantísimos de la muerte puesto que ahora resulta que la hemos colocado como asesora de la ONU en el negociado “ONU Mujeres” para promover la igualdad entre hombres y mujeres a nivel mundial. Hombre, todo hay que decirlo… tampoco es que el enchufe nos haya salido gratis, han sido escasamente noventa y nueve millones y medio de euros lo que nos ha costado pero seguro que ha sido baratísimo, todo sea por aprovechar su enorme y extraordinaria capacitación y valía.
Esa chica si que hizo caso a su papá, no como nosotros que pasábamos los días matando pájaros con la carabina, así que… no nos podemos quejar, nos lo merecemos porque como dice nuestro sabio padre… haber “estudiao”.
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